viernes, 10 de junio de 2011

La paradoja europea

El movimiento de "indignados" español puso sobre el tapete el descontento social que vive el viejo continente. En sintonía con la primavera árabe, los jóvenes de Europa despertaron una furia contenida, profunda e incomoda. La Unión Europea (UE) vive una crisis inusitada, impensada tan solo años atrás. Sin embargo, la contra cara del movimiento en masas que representa "Puerta del sol" (la plaza madrileña) es la linea política que la gran mayoría de los países de la UE empezaron a recorrer. El florecimiento de los partidos de derecha refleja la gran paradoja europea.

La ruina económica de Grecia y Portugal, demostraron el lado mas oscuro de un liberalismo económico voraz. Las recetas para reducir el gasto fiscal, y evitar el default, implican que miles de empleos públicos y privados deben que ser sacrificados. Las revueltas masivas griegas denotan el calor de un pueblo que supo imprimir su nombre en la historia. El país se incendia, el primer ministro llama a la calma, la nación inunda las calles con alaridos que estremecen. La represión no se hace esperar. Del otro lado de Europa, Angela Merkel, primera ministra de Alemania y principal acrededora de los bonos griegos, apura un asfixiante plan fiscal. La UE muestra una vez mas la insensibilidad de su cúpula política. Grecia respira lento, poco y nada. Las próximas semanas serán claves en la evolución de una situación que lejos de mejorar, recrudecerá.

Francia vive tal vez, la paradoja mas grande de todas. Su primer ministro, Nicolás Sarkozy, impulsó sendas reformas, algunas de ellas altamente controversiales y polémicas como aumentar la edad de jubilación. Las marchas que acobijaron a millones no tardo en hacerse sentir. La cuna de la democracia, enardeció al unísono. Trabajadores, estudiantes univertarios y otros grupos salieron a emular ese tan recordado mayo francés de 1968. El espíritu revolucionario de una nación que supo destronar una monarquía feroz, está intacto. Sin embargo el candidato presindencial con mayores chances en todas las encuestas era Dominique Strauss-Khan. Es de dominio público que el ex-presidente del fondo monetario internacional (FMI), enfrenta serias acusaciones de abuso sexual en los Estados Unidos. Ese mismo organismo es el principal impulsor del inflamatorio plan griego, así como 10 años atrás fue el arquitecto del plan argentino que llevó al país a una de las peores crisis de su reciente historia democrática.

Por último tenemos el caso español. Los "indignados" antes denominados "ni ni" (ni empleo ni educación), ocuparon las plazas. Los pedidos eran múltiples, recuperación de la economía, disminución de la corrupción, mantenimiento de los beneficios sociales, no al aumento de la edad jubilatoria, entre otros. La burbuja inmobiliaria estadounidense que estalló en 2008 tuvo como una de sus máximas víctimas a países que transitaban situaciones similares. La histeria colectiva hizo un sprint solo posible gracias a la interconexión de los mercados internacionales. La debacle económica y financiera mundial caló hondo en la península ibérica. La construcción se paró por completo, el desempleo ronda el 20%, y la economía no despega. La respuesta a una contracción de esta magnitud, fue el recorte. Rodríguez Zapatero priorizó el saldo, que la estimación de un sistema que pedía a gritos la inyección de dinero estatal.

La UE vive una gran paradoja. Mientras sus jóvenes, sus trabajadores, sus pobladores piden mantener el alto nivel de vida que ostentan, sus gobernantes impulsan recortes del gasto público. La reacción lógica sería le elección de una centroizquierda fuerte, que proponga planes de estimulación económica, disminución de las tasas de interés, aumento de impuestos sobre los mas ricos, y la exención de las clases C y D (sectores mas pobres). Nada de esto ocurre. Los supuestamente "indignados" se movieron a la derecha clásica representada por Angela Merkel (Alemania), Mariano Rajoy (España), Nicolas Sarkozy (Francia), David Cameron (Inglaterra), Silvio Berlusconi (Italia) y recientemente Passos de Coehlo (Portugal). El ascenso de la imagen positiva de partidos de extrema derecha, neonazis, que levantan banderas xenófobas, como Jean-Marie Le Pen, habla de la peligrosidad de este giro europeo.

Las plazas se llenan, pero los votos hablan por sí solos...