sábado, 15 de septiembre de 2012

Política: qué, cómo y por qué.


Partiendo de la hipótesis que los seres humanos tienen aciertos y errores en todo el transcurso de sus vidas distribuidos aleatoriamente, y dando por sentado que el gobierno está formado por seres humanos, podemos deducir lógicamente que cualquier gobierno de turno tomará acciones correctas e incorrectas. Por el momento, dejemos de lado el análisis subjetivo acerca de lo que está bien o está mal.

Desde los primeros años de vida, los niños van al colegio a aprender a vivir en sociedad. Aprenden a comunicarse y a respetar al prójimo. Padres y maestros enseñan hasta el cansancio durante el crecimiento de hijos y estudiantes la importancia del arrepentimiento. Ponen énfasis constantemente en que equivocarse no está mal, pero que una decisión mal tomada debería ayudarnos a elegir mejor el camino en la próxima bifurcación.

Lo alarmante de la clase política moderna es que parecería haber ido a la universidad sin pasar por primer grado. No saber comunicarse y no saber arrepentirse no es una muestra de arrogancia, es un comportamiento infantil. Y este comportamiento infantil creado por una ceguera voluntaria trae como consecuencia una parálisis de acción, ya que quien no sabe arrepentirse, nunca sabrá corregir un error. 

Tal vez el modelo Kirchnerista sea el adecuado. Tal vez no. O probablemente sea el adecuado para algunos y no para otros. Pero lo que seguro no es adecuado es el extremismo que utilizan para comparar y para defender sus acciones. Los que piden libertad no piden anarquía. No todos los que piden dólares los necesitan para ir a comprar ropa al exterior. Los cacerolazos no ocurrieron sólo en Recoleta y no toda la clase media está conformada por Gorilas que obtuvieron dinero robando. 

Quienes conforman este Gobierno tienen patrimonios altamente superiores al 99% restante de la Argentina y aun así están queriendo enseñar que viajar está mal, aunque sea a un congreso. Están queriendo enseñar que la libertad de opinión y acción se castiga con límites en los recursos económicos disponibles y lo que es más terrorífico, están enseñando que ser exitoso está mal.

Este Gobierno, con sus aciertos y desaciertos, puede profundizar el modelo tanto como desee, pero siempre le va a faltar una mitad para completarlo: la mitad de la retroalimentación que no quiere ver.

jueves, 3 de mayo de 2012

Una nueva cultura organizacional

“Vendí todos los activos que me generaban gastos fijos”- me dice el Gerente, que no se preocupa por las apariencias y sin tapujos me cuenta que se tuvo que comprar un traje para ir a la oficina de Guillermo Moreno- “Reduje la nómina de personal un 60%. La gente gasta, cuanto menos gente, menos gastos”. Me explica que se está creando una forma de liderazgo, una nueva cultura de empresa en plena expansión: “Yo tengo que aumentar el EBITDA y el valor de las acciones. Si me das a tu madre, la vendo”.

 Los vaivenes de la economía y las constantes amenazas de crisis (si es que ya no nos encontramos en el fondo de una) están cambiando la forma de administrar empresas. Este nuevo método está en pleno auge en Latinoamérica y se está expandiendo hacia el Norte, con gran apoyo de los gobiernos. La nueva cultura deja de lado aviones empresariales,  viajes en clase ejecutiva, oficinas con frutas y choferes. La tendencia lleva a las organizaciones a la simplicidad: una notebook para cada uno, escritorios libres, muebles sin renovar. Basta de lujos innecesarios. De esta forma se eliminan los gastos y se mejoran los resultados contables de la empresa, fiel reflejo del valor bursátil.

-“Qué preferís? Oficinas lindas y un sueldo de 5 mil pesos u oficinas feas y 10 mil? Seguro que si te doy 50 trabajás en la fábrica”.
-“Bueno, pero los beneficios a los empleados y trabajar en un ambiente lindo da un retorno intangible, difícil de medir”.
-“Nosotros te damos plata. Si querés, usala para pintar las paredes de tu oficina”.

La nueva forma de gestión tiene sólidas bases en los valores. La meritocracia aplicada a todos los niveles se ve día a día: jóvenes generando resultados escalando en la estructura con gente a cargo que duplica su edad: “Ganas le gana a experiencia” dice el Gerente.

La confianza en los empleados es plena, se delega completa autoridad y responsabilidad para tomar decisiones. Los fracasos son éxitos si dejan una enseñanza, y tanto unos como los otros son propios.

El nuevo foco empresario hace hincapié en la calidad y en compartir el conocimiento: “Si se encuentra una receta para mejorar un proceso pero vos ya lo sabías 3 meses antes, nos hiciste perder plata 3 meses”. A la nueva cultura empresarial le gusta la simplicidad, porque ésta alimenta la agilidad, y la agilidad alimenta el éxito. El personal está orientado a los resultados: “Querés trabajar 3 días por semana? Trabajá 3 días por semana. Querés trabajar a la madrugada? El lunes no venís? No me des explicaciones. A fin de mes vemos los resultados y si funcionó, bien”.

El personal se mantiene motivado por los evidentes casos de éxito y bajo los efectos del llamado valor Nike: nada es imposible. “Soñar grande y soñar chico toman el mismo trabajo, así que mejor soñá grande”.

El pegamento que mantiene todos los valores intactos es la ética. Comportamientos dudosos son inaceptables. No se dan coimas para aumentar ventas o ganancias, no se dan regalos a sindicalistas. Se pagan todos los impuestos y así se mantiene una relación estable con el estado independiente del gobierno de turno: “Hace 22 anos que no tenemos una huelga”.

Nos encontramos en el advenimiento de una nueva cultura organizacional. Una cultura que deja de lado excentricidades y cuida la plata de la empresa. Una cultura que busca maximizar ganancias aumentando ventas y reducir costos mejorando los procesos, igualito a la teoría de los libros.