viernes, 6 de mayo de 2011

Osama ya estaba muerto

La muerte de Osama Bin Laden impactó al mundo entero. Rápidamente, como es costumbre en estos tiempos, la información circuló primero por las redes sociales. Tanto es así que un simple paquistaní tuvo sus 15 minutos de fama al afirmar que una incursión aérea de helicópteros extranjeros estaba teniendo lugar en el remoto paraje de Abbottabad, Paquistán. Millones de personas quedaron atónitas al prender sus televisores, donde la primicia causaba gran conmoción. Uno de los personajes mas populares del siglo XXI era asesinado.

Osama
Bin Laden vivía refugiado desde hace 10 años, cuando la cacería humana mas impresionante en la historia comenzaba. Según las fuentes militares estadounidenses fueron múltiples las ocasiones donde el terrorista mas famoso esquivo su captura. Durante una década se creyó que la frontera entre Afganistán y Paquistán albergaba al cerebro del atentado del 11-S (las siglas que hacen referencia al atentado a las torres gemelas, el pentágono y un avión que cayó en Pensilvania en septiembre del 2001). Los mas sorprendidos con la noticia fueron sus propios vecinos de un barrio de clase media en Abbottabad, que ignoraban su presencia. La residencia carecía de teléfonos fijos o móviles, internet, o cualquier método rastreable de comunicación. Es difícil pensar que alguien con tan poca conexión externa pueda ser el jefe de una organización terrorista mundial, con las vicisitudes que ello implica.

El mundo árabe hoy sigue siendo noticia. A las exitosas revoluciones de Egipto y Tunez se sumaron la guerra de Libia, la revuelta en Siria, Bahrein y Yemen. Todas fueron inspiradas en una población joven, de los grandes centros urbanos, con amplia conexión a la internet y las redes sociales. Demográficamente la franja etaria entre los 18 y 35 años representa un procentaje de alrededor del 40% de la totalidad de sus ocupantes. Estos jóvenes cansados de la corrupción, el desempleo y la mala calidad de vida salieron a protestar contra sus gobernantes. El autoritarismo reinante reaccionó con una represión feroz, que ha costado miles de vidas hasta ahora. Los levantamientos tienen la similitud de ser pacíficos (excepto en casos especiales como Libia), seculares, y abogar por democracias reales.

Osama
Bin Laden pregonaba que la violencia y el terror eran los medios para alcanzar su fin. Un califato teocrático, donde la ley musulmana mas extrema (sharia) sea impuesta sobre la población. Las consecuencias de su incumplimiento eran castigos que con frecuencia incluían la muerte, como ocurrió en Afganistán cuando los talibanes ostentaban el poder. Osama detestaba la democracia, ya que desde su punto de vista era demasiado "occidental". La educación debía estar a cargo de las madrazas, sitios donde los niños leían diariamente el corán (libro sagrado musulmán), aprendían los preceptos de la sharia, y las reglas para convertirse en un "buen musulmán".

El mundo se había olvidado de Osama, y Osama del mundo. Osama estaba muerto, porque su espíritu se desvaneció, cuando el pueblo árabe le dio una lección de pacifismo y humanidad que reescribió los libros de historia. Su visión del mundo se convirtió en obsoleta. La jihad (guerra santa), no ayudo un ápice a la revolución. En cambio las sentadas pacíficas en la plaza Tahrir corrigieron 40 años de injusticia. La paz le ganó a la guerra, y el amor al odio. Hoy Osama esta muerto, bien muerto.

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